No te vayas
Poco a poco va amaneciendo. Cae como miel sobre la tostada la luz del sol, la radiación de esos rayos mantecosos bombardeando los agujeros del inestable pan de molde. Tiembla y se desperezan los edificios; se sacuden un poco y luego vuelven a dormir, forrados en frazadas de húmeda niebla y avisos publicitarios anunciando la nueva teleserie. Las poblaciones a un lado, el puente bajo mis pies, y los edificios de Lo Barnechea al otro. En el río flotan neumáticos de la quema de anoche, latas de la comida, cucharas, tenedores, cuchillos… es casi como si pudiera lanzarme y comerme al río, hasta platos tengo entre las olas aún asustadas por el sismo de hace minutos.
Santiago abre sus ojos y me mira, canta un poco al ritmo de las campanadas de las iglesias y vuelve a sacudirse, un poco más gentilmente ahora. Si saco mi mano por la ventana y la poso sobre sus brazos, sobre los postes que como vellos erizados se elevan hacia las antenas parabólicas, ¿tendré el orgasmo más profundo?
Me bajo en el paradero apenas como un salmón intentando subir la cascada. Afirmo la cartera, no vaya a ser que alguna de las garrapatas de Santiago me vaya a saltar encima y me quite el celular. Salto sobre los poros abiertos, escupiendo una mezcla de pus y sudor que nadie más parece notar, y entro en el café de la esquina.
Antonio me pregunta cuando me voy. Ahora, ahora me voy. Una nueva sacudida le bota el té de la taza y sonrío ante la protesta. Desde esta mañana que se viene quejando, botándome de la cama y tirándome al piso los cuadros que me regalo mi tía. Ni hablar de los delfines de cristal que tanto me gustaban. Todos al piso, enterrándose en su carne morena y estremeciéndola un poco más fuerte. ¿No te duele? Mejor quédate quieta, susurro, y me voy al aeropuerto. Otro temblor, y otra sonrisa resignada que se me escapa.
Caminando por este tubo que más parece ventilación de secadora a gas vuelvo a sentir una última sacudida. La ignoro, no puede ser tan inmadura. Todos se van, y sólo conmigo se enoja. Acaricio una última vez con mi piel su piel morena cubierta por el gris e impersonal chaleco de cemento y me subo al avión.
Hubiera jurado que, entre el rugido del despegue y la advertencia de la azafata, he escuchado un susurro suplicante de amante despechada. No te vayas...
FinEste texto es muy yo, es muy de mí. He pensado que si yo fuera palabras, sería éstas palabras. Y si fuera puntos y comas y tildes y espacios, sería estos. En mi piel, en mi interior, en mis órganos y en el espacio entre mis escasos cabellos restantes están éstas letras, tejidas y pegadas con colafría para formar este texto, ningún otro. Y es tan mío que quiero que lo lean... y que lo comenten. Porque ésta soy yo, en bandeja de plata, desnuda y expuesta tras un vidrio con alfileres en mis extremidades. Ésta soy, y éste mi lenguaje. En español y hasta la muerte, escrito y hasta que me convierta en polvo.
Yo.
1 comentario:
hola nuevamente..
me costo leerlo... me costo entenderlo.. incluso ahora despues de leerlo 3 o 4 veces no estoy segura que lo haya hecho en su cabalidad.. supongo que si se parece a ti el escrito...
un escrito que eres tu en palabras.. me gustaria hablar contigo de el mas en profundiddad....
lo leere denuevo!!
te cuidas n_n
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